Farmacia Tenerife
Alimentación infantil

La alimentación en la infancia

La infancia es un periodo fundamental para nuestro desarrollo físico e intelectual, y la alimentación en la infancia juega un papel principal en este proceso. Condicionará nuestro estado de salud, tanto en la niñez como en la edad adulta.

Durante el primer año de vida, irán madurando las funciones de absorción, digestión y excreción de los alimentos. Por esta razón la introducción de los alimentos en el bebé es de vital importancia.

Según el comité de nutrición de la academia americana de pediatría existen tres periodos en la alimentación en la infancia:

  1. Periodo de lactante que dura hasta los 6 meses de vida.
  2. Periodo transicional.
  3. Periodo de adulto modificado.

1. Lactancia (0-6 meses)

Desde el nacimiento hasta los primeros 6 meses de vida, la leche materna aporta todos los nutrientes necesarios, así como anticuerpos, hormonas y factores inmunitarios. Se recomienda dar el pecho a demanda y en exclusiva hasta los 6 meses, a partir de los cuales, se añaden otros alimentos continuando con la lactancia, como mínimo hasta el año. A partir de ahí todo el tiempo que la madre y el hijo deseen.

Cuando no es posible la lactancia materna, existen fórmulas de inicio que cubren las necesidades del niño hasta los 6 meses. Estas fórmulas están orientadas a conseguir valores nutricionales similares a los de la leche materna, patrón por excelencia, para la alimentación del lactante. Para ello, se les añade factores de crecimiento, aminoácidos semiesenciales, nucleótidos, oligosacáridos, prebióticos, probióticos, ácidos grasos de cadena larga, e incluso cambios en la proporción de las proteínas séricas.

Se han desarrollado fórmulas infantiles con composiciones especiales como alternativa para aquellos niños que presentan alteraciones digestivas, metabólicas o nutricionales:

  • Fórmulas anti regurgitación (AR): son más espesas indicadas para niños que padecen reflujo gastroesofágico leve o moderado.
  • Fórmulas para prematuros y recién nacidos con bajo peso: contienen mayor porcentaje de proteínas y de minerales ya que las reservas del prematuro son escasas.
  • Leche sin lactosa: para bebés con intolerancia a esta sustancia fundamentalmente.
  • Fórmulas de soja: indicada en niños intolerantes a la proteína de la leche de vaca y tampoco contiene lactosa.
  • Fórmulas con proteínas modificadas: leches con proteínas hidrolizadas que permiten una mejor digestión y que se usan en intolerantes a la proteína de la leche o con problemas de absorción intestinal.
  • Leches digestivas para trastornos leves con reducido contenido en lactosa, con probióticos y proteínas predigeridas, todo ello enfocado a mejorar la digestión.

2. Periodo transicional (6-12 meses)

Se comienza a introducir alimentos diferentes a la leche, aunque esta sigue siendo el alimento principal, el aumento de necesidades energéticas lo requiere. Se debe hacer respetando la madurez digestiva y renal. El bebé, entre los 4 y 6 meses ya puede arrastrar sólido hasta la faringe y a los 7 meses es capaz de hacer movimientos masticatorios.

La Sociedad Europea de Gastroenterología Hepatología y Nutrición pediátrica (ESPGHAGAN) establece que la alimentación complementaria, también llamada beikost, no se introduzca antes de los 4 ni después de los 6 meses.

3. Periodo de adulto modificado (1-3 años)

Su aparato digestivo está preparado para admitir una dieta variada que se vaya aproximando a la del adulto paulatinamente.

INTRODUCCIÓN DE LOS ALIMENTOS DIFERENTES DE LA LECHE MATERNA O LECHE DE FÓRMULA

Se recomienda seguir las instrucciones del pediatra en el proceso de la introducción de los alimentos diferentes a la leche materna o leche de fórmula.

Desde el tercer mes de vida los requerimientos energéticos del lactante comienzan a aumentar, por lo que después de los 5 o 6 meses la leche sería insuficiente como fuente de energía y tampoco satisfaría las necesidades de hierro. Por otro lado, la introducción de otras texturas y sabores promueven la masticación y la movilidad bucofaríngea, hecho que repercutirá también en el desarrollo el lenguaje.

Cereales:

Las papillas de cereales aumentan el valor energético por unidad de volumen de alimento, aportando al mismo tiempo, otros nutrientes como: hierro, zinc, calcio, fósforo,ácido linoleico y vitaminas. Por lo tanto, son una fuente de proteínas, minerales, vitaminas (especialmente tiamina) y ácidos grasos esenciales. Debido a su alto contenido en hidratos de carbono (80 Kcal/100g) contribuyen al equilibrio energético total.

Algunas papillas incorporan fructoligosacáridos (FOS) que contienen fructosa y se consideran como prebióticos, a que al ingerirse es metabolizado selectivamente por las bifidobacterias. Así promueven el crecimiento y establecimiento de los microorganismos beneficiosos.

Cuando el pediatra lo decide, normalmente a los 4 meses se comienza con los cereales sin gluten. Se trata de unas papillas predigeridas a base de harina de arroz, maíz o tapioca. Se preparan con leche materna, leche de fórmula o con agua.

A los 6 meses, normalmente no más del 50% de la ingesta energética debe provenir del beikost (o alimentación complementaria), el resto debe ser obtenido de la toma de leche, que en este caso no debe ser inferior a los 500 ml día, así hasta los 12 meses. El siguiente paso es introducir los cereales con gluten. La ESPGHAN ( Sociedad Europea de Gastroenterología, Hepatología y Nutrición Pediátricas) establece que el gluten debe administrarse entre los 4 y los 6 meses de vida para prevenir la enfermedad celíaca (es una enfermedad del intestino permanente causada por las prolaminas de los cereales).

Los cereales con gluten están elaborados con trigo, cebada, sorgo, centeno, arroz, maíz, avena y mijo. Estas harinas tienen un porcentaje de cereales que oscila entre el 50 y 85%. En algunas referencias de papillas se añaden miel, frutos secos, galletas o frutas y se advierte de la posibilidad de que contengan trazas de otros productos como lactosa, soja o frutos secos.

No debemos añadir azúcar a los alimentos de los niños, puede producir caries en un futuro, y les predispone a mayor apetencia por los alimentos dulces.

Otra forma de proporcionar cereales al lactante a partir de los 8-12 meses sería en forma de pan y galletas “tipo maría”.

Fruta:

A los 4 meses empezaremos por la manzana, pera y plátano en forma de papillas. También puede poner una cucharadita de zumo de naranjas dulces o mandarinas ya que su acidez puede generar rechazo. Pueden hacerse las papillas de frutas mezcladas con leche para una mayor tolerabilidad. Esta introducción se irá haciendo poco a poco y bajo la supervisión del pediatra. Durante el primer año de vida las frutas más recomendables serán a parte de las nombradas, las unas, albaricoque, sandía y ciruela. Las fresa y kiwi no se introducirán hasta cumplir el año de vida por su potencial alergénico.
El puré de frutas será de unos 250 ml en total.

Si se administran zumos, siempre es recomendable que sean naturales, no se debe abusar de ellos porque desplazan a otro alimentos más nutritivos.

Verduras:comida para bebes

Los purés de verduras serán durante muchos meses la base de la comida central del bebé, sobre la que se añadirán otros alimentos. Se comenzará con papa y zanahoria y con una cucharadita de aceite de oliva que se añadirá en crudo, sin adicionar sal y cocinándose con la menor cantidad de agua posible.

Poco a poco se irán introduciendo el resto de verduras como la calabaza, el calabacín y judías verdes, menos las de hoja verde. Será a partir de los 8-10 meses cuando puedan tomar la espinacas, acelgas, nabos, coles y remolacha, por su exceso de nitritos y de fibra .

Carnes:

El pollo y el pavo serán los primeros en introducirse, otra opción es la carne de conejo, todas ellas carnes blancas. A partir de los 4-6 meses se inician con una ración de 20-25 g hasta los 9-10 meses y que irá aumentando hasta hasta lo 30-40 g. Se incluyen molidas dentro del puré de verduras.

La siguiente será la carne de ternera. El cordero puede darse a los 9 meses y el cerdo y el jamón cocido a partir del año.

Otros embutidos y charcutería podrán tomarse a partir de los 2 años

Pescado:

El pescado blanco se introduce a los 9 meses y el azul a los 12. Se administra también en los purés de verduras hasta que la capacidad del niño para masticar esté madura.

Es importante que los alimentos grumosos o con trocitos se den antes de los 9-10 meses de edad, ya que una introducción posterior se ha relacionado con problemas alimentarios a largo plazo. Siempre evitando los alimentos que puedan bloquear la tráquea como la uva entera, zanahoria en trozos o frutos secos.

Yogur:

En la mayoría de los niños se introducirá a los 6 y 9 meses el yogur preparado con leche adaptada y a partir de los 12, los yogures de leche de vaca.

Huevos:

Se comenzará con la yema a los 9 meses, primero un cuarto en el puré e ir aumentando hasta que se ponga entera, de cuarto en cuarto. La clara no se introducirá hasta los 12 meses por su poder alergénico.

Legumbres:

La fibra que contienen las legumbres es de fácil digestión, por lo que se comenzarán a tomar a partir de los 12 meses. Las legumbres más suaves y con menos fibra son los guisantes y la lentejas. A partir de los 12 meses entramos en la etapa de adulto modificado, en ella el niño deberá adaptarse a los hábitos alimentarios y las costumbres y horarios de la familia, sentándose con ellos a la mesa.

Para que aprenda a familiarizarse con los alimentos y no pierda el interés por ellos hay que dejarles que los toquen, que los cojan con la mano, se ensucien y experimenten.

En este periodo hay que prestar especial atención al hierro, ya que sus necesidades aumentan, por lo que hay que asegurar el consumo de carnes o legumbres con vitamina C.

A los dos años el niño deberá comer igual que el resto de la familia y haber introducido todos los alimentos.

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Iballa González Díaz

Farmacéutica adjunta. Responsable de infantil y fórmulas magistrales.

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